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eLíaSSieMPRe TeNGo uN BeSo PRoLoNGaDo, auNQue SePa Que MieNTe, auNQue SePa Que eS FaLSo Hola a todos, Antes de nada daros la bienvenida a este mi querido espacio, un trabajo tanto físico como intelectual de muchas jornadas ha hecho posible que esté orgulloso de algo tan personal como mi "rinconcito virtual". Poneos cómodos, tomad asiento y os invitaré a que leáis algo de lo que he podido escribir, de lo que he podido sentir y de lo que he podido conocer en mi ya transcurrida vida. Experiencias, sentimientos, ideas, artículos, personas, opiniones... todo lo que he podido acumular en una intensa vida de interconexión con los seres humanos ha dado lugar a auténticas catástrofes intelectuales para unos, y en auténticas biblias personales para otros. Y sobre todo, no os vayáis sin dejarme un pedacito de vosotros, algo tan sencillo me ilusionaría más de lo que os imagináis. Un abrazo y gracias a todos. Elías Alonso Aparicio.
11月24日 "El Contrato Social"En 1848 Phineas Gage, un trabajador de ferrocarriles del estado de Vermont, casado, con dos hijas y con una personalidad aparentemente normal, sufrió un aparatoso accidente laboral en el que una barra de hierro de un metro le perforó la órbita ocular y le atravesó el lóbulo temporal. Por misterios médicos Phineas no murió y se le extrajo la barra por completo, pero algo en su cerebro cambió. Sufría desinhibición del lóbulo temporal, se convirtió en un hombre polémico, impulsivo, decía todo lo que se le pasaba por la cabeza sin necesidad de filtros algunos. Acabó divorciándose, aislado e irreverente, blasfemo e impaciente al que nadie soportaba, pero lo que descubrieron los médicos que lo trataban es que no era la lesión lo que le hacía decir toda clase de improperios, sino que esos pensamientos siempre habían estado ahí, y la lesión impedía a Phineas filtrar la información. Phineas Gage se convirtió en el caso clínico más famoso de la historia médica por estar considerado como una de las primeras evidencias científicas que sugería que las lesiones en los lóbulos frontales podían alterar aspectos de la personalidad, la emoción y la interacción social.
Es curioso como cada uno de nosotros elegimos a nuestras amistades, parejas y demás coincidencias geográficas, pero con todos y cada uno de ellos suscribimos indirectamente un contrato social, en el que por distintos factores y variables nos comprometemos a no hacer daño a aquellas personas por las que se siente un afecto recíproco, aunque por nuestro pensamiento pasen ideas claramente contrarias a los actos y acciones del prójimo.
La función de nuestro lóbulo temporal es la de filtro mental para no exteriorizar los pensamientos que nos generarían problemas, aunque sean verdad, porque el contrato social nos socializa con aquellos a los que no queremos hacer daño, con aquellos con los que queremos tener una relación, y si no fuera así, si nuestro lóbulo temporal no filtrase todas nuestras ideas y las eligiera como válidas para expresarlas al exterior, no habría quien nos aguantase.
Por eso la extremada sinceridad está sobrevalorada, porque nadie en sus relaciones con los demás es totalmente veraz, procuramos elegir aquellas palabras e ideas que gusten y agraden a nuestros seres cercanos, y sin embargo, se da la paradoja que para aquellas personas con las que no tenemos trato, ese contrato social no existe, nos da igual escupir ideas que desagraden o molesten, porque no tenemos vinculación con esa persona. Solemos ser más sinceros con aquellas personas que no nos importan, que con aquellas por las que sentimos afecto.
El contrato social es una necesidad en la sociedad que vivimos, porque se trata de mantener felices a aquellos a los que quieres en una pseudo-mentira oculta en tu pensamiento, y como sólo está dentro de nuestras cabezas, no hay pruebas para que te tachen de falso, sólo si nos clavan una barra de hierro en la cabeza deberemos de preocuparnos. Phineas prefirió morir en ese accidente, porque su vida posterior fue la de un desgraciado que aunque quería, no pudo mantener su trabajo, ni a su esposa, ni a sus hijas y acabó sus días sin ninguna clase de relación social, porque había roto el contrato. Elías Alonso Aparicio 7月17日 El Bien y El MalEs época de abstracción y de diversión, y sé que no es lo que os apetece hacer, pero dejadme unos minutos de vuestro tiempo para dedicarlo a una reflexión que se remonta más allá del pensamiento. Mucho más lejano que la existencia de la religión o de las culturas, aunque todas ellas han querido realizar teorías sobre el concepto del Bien y del Mal. La mayoría de los seres humanos piensan que existe el Bien absoluto, ya que tienen la creencia de un ser superior que es benévolo y bondadoso, pero tal pensamiento lleva también a creer en la existencia de un antagonista propio que en multitud de culturas lo han denominado de otras mil maneras distintas, y de esa manera dejamos en manos de un poder más poderoso que nosotros la repercusión de nuestros actos.
Los menos, pensamos que tanto el Bien como el Mal son hechos y actos realizados por las decisiones del hombre, pero esto lo único que hace es generar mucha más controversia sobre lo que está bien o sobre lo que está mal, sin ponernos de acuerdo en tales conceptos y que hoy más que nunca estamos muy lejos de acercar posiciones.
Lo que nos ofende del homicidio (aún el aprobado por la Iglesia o por el Estado) es que, como el suicidio, también altera el orden. "La vida tiene sentido y valor", decía un cartel en una marcha contra las guerras, las ejecuciones, el aborto y la eutanasia. Pero los que defienden el derecho del Estado a hacer la guerra y a ejecutar a los criminales, con frecuencia condenan el derecho a "optar" o a la "muerte digna". De la misma manera que quienes están a favor del derecho a abortar y del derecho a morir salen en manada a protestar contra Vietnam, la Guerra del Golfo y la inyección letal al asesino en serie.
Más sutiles y perturbadoras resultan las verdades de que las guerras se han luchado más por codicia y por gloria que por causas humanitarias, que el aborto ha sido utilizado al servicio de agendas sexistas, racistas y clasistas, y que la eutanasia ha sido a veces el tenue velo tras el que se ocultan el genocidio, el abuso, la negligencia y el homicidio. Ninguna de nuestras opciones ha sido "buena". De manera que las grandes divisiones del medio siglo pasado y del siguiente parecen estar basadas en la contemplación de la Vida y la Muerte: cuándo la una se convierte en la otra y bajo la responsabilidad de quién.
El avance de la tecnología coincide con nuestra pérdida de apetito por las cuestiones éticas que debían considerar las implicaciones de estos nuevos poderes. Hemos desdibujado las fronteras entre ser y dejar de ser, gracias a una tecnología que nos dice Cómo Funciona, pero no Qué Significa. También hemos dejado de confiar en nuestros instintos. Si sentimos que algo anda Mal, nos avergonzamos de decirlo, igual que cuando sentimos que está Bien.
En nombre de la diversidad, una idea se considera tan valiosa como cualquier otra; cualquier tontería tiene derecho a un foro, a ser escuchada por toda la audiencia, a que le asignen el mismo tiempo. La realidad se acomoda a la medida de la persona o de la situación. Existe "su" realidad y "mi" realidad, la verdad tal como "ellos" la ven; pero lo que es real y verdadero para todos nos elude.
Construimos nuestras preguntas personales en términos de lo legal y lo ilegal, de lo políticamente correcto o incorrecto, de lo funcional o disfuncional, de cómo afecta a nuestra estima o nos pone en contacto con nuestros sentimientos, o cómo sirve para las próximas elecciones o para la votación sobre la tasa fiscal, o según cómo responda el mercado. Y aunque es posible manejar negocios de todo tipo de esta manera para beneficio relativo de todos los involucrados, las Grandes Preguntas, las Preocupaciones Existenciales, los asuntos de Vida y Muerte, requieren nuestros mejores instintos, nuestras intuiciones más agudas, nuestros razonamientos más iluminados y una honestidad inspirada en nuestra participación, no en un partido o en un sexo o en una religión o en un interés especial o en una etnia, sino en nuestra participación en la raza humana. Y en este punto, el diálogo parece ser extrañamente silencioso. ¿Será posible que estemos demasiado ocupados, que no nos importe? ¿Acaso estamos dispuestos a dejárselo a los expertos? Elías Alonso Aparicio 5月17日 Planteamiento EquivocadoQuizás sea la edad, el Sol o esta evidente Primavera la que me haga pensar esto, pero lo que sí es cierto es que es mala época para reflexionar. Cuesta un poco más ponerse delante del ordenador y plasmar lo que uno piensa con un mínimo de cordura y talento (si es que alguna vez tuve una pizca de las dos). Y es que hace demasiado bueno como para enclaustrarse en la soledad que tantas veces he halagado y tanto me ha dado. Porque la soledad es una de las pocas herramientas de las que disponemos en cuanto nacemos, las demás las cogemos por el camino, para poder completarnos como seres racionales y no depender de una manera absoluta de la masa, poder tener un juicio propio, un sentido común, un conjunto de ideas y valores que pongan límite a esta sinrazón en la que estamos viviendo… Un montón de elucubraciones estúpidas que escribo por culpa del paso del tiempo, el calor o esta estación que cada vez está más cerca del solsticio de Verano.
Y ya veis que no he sido capaz de echarme la culpa a mí mismo por tal correlación de insensateces, ya que una cuestión antropológica nos evita, tanto para lo bueno como para lo malo, que nos hagamos cargo de nuestros errores (y a la vez de nuestros aciertos), atendiendo a cierto guión predeterminado llamado destino, que ya me dirán a mí quién lo escribe porque se ha lucido del todo, atándonos de pies y manos en nuestras tareas, en nuestros logros y en nuestros fracasos.
Eso sí, con esta seña milenaria nos hemos quitado de encima la presión y la obligación de decidir por nosotros mismos, asintiendo a la idea de que lo que tenga que pasar llegará sin un atisbo de esfuerzo y talento de nuestra parte. La inhumanidad de este pensamiento ha calado hondo en las masas ignorantes (quien se sienta aludido, ya sabe por qué), que han dogmatizado la vía del destino por ser la que menos trabajo requiere y por ser la más fácil de adoptar.
Porque es infinitamente más asequible culpar a un ser superior de todas las cosas malas que pasan que juzgarte a ti mismo por ser lo que llaman ahora un “Ser Humano” (siempre me río cuando escribo ese término), un ente aletargado que se autodestruye a la misma velocidad con la que se cree superior. Seremos piezas de un tablero de ajedrez en el que un guionista de cine negro americano juega con nosotros, así nuestras espaldas no cargarán con el peso de la responsabilidad.
Y es al final de nuestra existencia cuando nos damos cuenta que todo ha sido una farsa, que el tiempo que hemos desaprovechado esperando que el destino nos marque con su cruz no volverá jamás, que nos arrepintamos no sólo de lo que fue, sino de lo que no fue y pudo ser, rememorando imperecederamente aquellos recuerdos que hacen que nuestro corazón pese.
Pero no todo es tristeza y melancolía, también lo bueno que nos ha pasado y que nos tiene que pasar es obra de nuestro esfuerzo, de nuestro ímpetu. Las Pirámides no son obra del destino, ni el mayor de los ingenios es una casualidad, ni siquiera el amor que podamos sentir en nuestras almas son designios de un poder superior. Nos lo hemos currado, todo lo que ha pasado, y cuando miro a mi alrededor, hemos tenido que hacer muchas cosas mal. Elías Alonso Aparicio
Iva Zanicchi - La Riva Bianca, La Riva Nera 5月4日 "uNa TaRDe eN La CaFeTeRía"
Hola a todos: Esta vez permitidme el lujo de no maltratar vuestras conciencias con mis perversas teorías de la tristeza universal, para comentaros mi última acción literaria (si es que a lo que yo hago se le puede llamar así). El texto que os propongo es un microrrelato que escribí para el 2º Concurso de Microrrelatos de FNAC con el tema principal de "El Libro", con un máximo de 150 palabras y en los que han participado 1.094 textos. También deciros que no he acabado ni mucho menos de los primeros, y también que me lo publicaron de mala manera, pero estoy orgulloso de haber participado por primera vez en un concurso de esta clase. Espero que os guste, al igual que a mí me gustó escribirlo. Una Tarde en la Cafetería Me siento en mi cafetería preferida, saco un libro:
Portada: Primer y único contacto con el soporte de la experiencia. Un mundo de colores que impregnan la historia escrita.
Presentación:
Nudo:
Desenlace:
Contraportada: Otro libro con café, por favor. Me quedan mil experiencias por vivir.
Elías Alonso Aparicio 4月22日 "uNa De TaNTaS CauSaS"Son muchos días mordiéndome la lengua (sin envenenarme) y reprimiendo muchos de mis pensamientos, porque yo mismo los consideraba propios de la irracionalidad de los sentimientos que acojo en mi interior, y he intentado por todos los medios a mi disposición renegar de ellos como alguien que olvida su pasado tormentoso, pero mi deber es preguntarme el motivo de ciertos males, de tanto odio que inunda las mentes (no me atrevo a escribir corazón porque estoy seguro de que carecen de él) de muchas personas.
Los científicos debaten sobre la existencia de un gen que existe en todos los seres humanos que incita al odio hacia las demás personas, pero estos cromosomas permanecen dormidos en aquellas personas que no tenemos cierta predisposición al mal. No seré yo el que niegue esta teoría científica, pero como soy un negado para estos conocimientos me centraré en describir la fisonomía y la psicología de estos seres deneznables.
El matemático John Allen Paulos recuerda que alguien le preguntó a San Agustín qué hacía Dios antes de crear el mundo, y el santo replicó: “Estaba creando un infierno para la gente que pregunta cosas como éstas”. Admitiendo que el Gran Relojero hubiera creado la materia, las leyes de la física y el orden natural de las cosas, también cabría preguntarse por qué somos como somos y por qué existe el mal en el mundo si todo es el producto de una creación divina. Leibniz admitía que Dios tenía la posibilidad de haber creado mundos infinitamente distintos, pero concluía que tiene que haber una «razón suficiente» para que hubiera optado por crear la realidad en la que vivimos. Leibniz venía a concluir que Dios no se equivoca porque lleva la Razón en sí mismo como un atributo esencial, pero ello no deja de ser una explicación redundante que no me convence. ¿Si Dios es racional y bondadoso, cómo es posible que haya creado un mundo en el que existe la maldad y la injusticia?
Hay siempre un abismo infranqueable entre ese Dios de Santo Tomás, Leibniz o Descartes, y la pura contingencia de la existencia humana, sometida a los dictados del azar. Estamos condenados a no entender lo fundamental y eso me produce una gran frustración porque significa que no podemos comprender el sentido de nuestra propia existencia, la peor de las maldiciones. ¿Es acaso éste el pecado original del que habla la Biblia?
Muchas veces no comprendemos la procedencia del odio de ciertas personas, y realmente creemos que el mal que producen es de forma gratuita, que no llegamos a encontrar el motivo de esas acciones perversas, pero siempre existe un motivo, cada efecto tiene su causa y viceversa, otra cosa es que no tengamos sabiduría sobre esa causa, pero siempre la hay, aunque sea una solemne soplapollez. Suelen ser personas egocéntricas y narcisistas que piensan que el mundo debe girar en torno a ellos como si fuera una realidad innegable, y como suele pasar, esa realidad en las que ellos creen se torna en desilusión y frustración.
La impotencia que sienten por ver sus deseos pretenciosos tirados por la borda les impregna de un falso derecho a la venganza, y se atribuyen la necesidad de impartir lecciones a las personas que les rodean, pues perdonad por mi intromisión pero ahora seré yo el que os aleccione: No somos nosotros los odiados los que tenemos un problema, sino aquellos que sienten el odio en la cima de su mente (sigo sin utilizar corazón, ¿os fijasteis?), porque ese sentimiento anula todos los demás, incluyendo cualquier intento de racionalidad, porque todo deseo de venganza es mucho mayor que la intención de acometer actos bondadosos. Aún con todo esto, no creo que aprendan nada. Elías Alonso Aparicio
Shakira - No 4月6日 LoS MoMeNToS eSPeCiaLeSResulta de lo más extraño como sólo ciertos momentos de nuestra vida se retienen en nuestra mente de manera imperecedera, y otros los olvidamos para nunca más volver a saber de ellos. En la mayoría de las ocasiones, esos recuerdos resultan ser los acontecimientos más calamitosos de nuestra vida, aquellos por los cuales nos avergonzamos y en los que la misma definición del propio Ser se desbarata y extingue cualquier resquicio de orgullo y amor propio. Quizás sea por esa vergüenza ajena y propia, que es el primer sentimiento que experimentamos cuando nacemos, la causante de la predominante persistencia mental de esos recuerdos desastrosos. Aunque aquí hay teorías como cabezas pensantes.
Sin embargo, con aquellos sucesos objetivamente agradables, felices y espectacularmente alegres ocurre algo bien distinto, como una escala sentimental con respecto al tiempo, y conforme nos vamos alejando temporalmente de ese acontecimiento, la sensación de felicidad se va reduciendo, incluso con el recuerdo predominante en la mente, no llegamos a sentir, ni de lejos, lo que experimentamos en el momento de la acción.
Quizás juegue en nuestra contra (siempre de manera mental) aquellos sentimientos que nos son indelebles en el Ser Humano. Porque cuando recordamos algunos Momentos Especiales de nuestra vida siempre ha sido bajo el amparo de la melancolía, aquella amiga que nunca se separa de nosotros y nos recuerda en multitud de ocasiones que un día fuimos más jóvenes, más valientes, más felices (aunque la felicidad se escapa en cuanto se siente), más fuertes. Conforme va pasando el tiempo la nostalgia llena esos recuerdos y la felicidad se queda en un segundo plano. Aunque espero contribuir un poquito más a esa felicidad con este artículo.
Realmente porque hacía muchísimo tiempo que la sensación de alegría no me embargaba el corazón de esa manera, una felicidad prolongada que se tradujo en unas 36 horas de continua demostración pasional en una fiesta que podría pasar a la historia por su desmesura, pero lo hará por la gente tan extraordinaria que participó en ella.
Hace ya muchos años alguien me dijo que no se nos recordará por lo que somos, ni siquiera por lo que hacemos o hemos hecho, sino por las personas que al final de este camino minado permanezcan a nuestro lado, y en eso Juanjo e Isa deben estar orgullosos. Hace mucho tiempo, así es. Ya la melancolía juega su papel determinante en mis palabras, pero fue espectacular y grandioso tener reunidos a (casi) todas las personas y “personajes” que los quieren, los que ya son parte de mi familia.
Realmente me falta la virtud y el talento para describir las dos grandes jornadas que vivimos el 28 y 29 de Marzo, lo intentaría pero quedarían grandemente desprestigiados por un aficionado, los que estuvimos allí todavía nos miramos con cierta complicidad, como sabiéndonos partícipes de tan enorme éxito, y no me gustaría que se perdiera jamás la luz que desprendíamos en cada gesto, en cada foto, en cada ciclo de celebración, como no queríamos que se acabará, pero se acabó.
No sin desearles a Juanjo (mi hermano) e Isa (mi actual cuñada) una vida espectacular juntos, aunque creo no conocer al uno sin el otro, no podría definir a Juanjo sin nombrar a Isa, y desde luego no podría hacer lo mismo con Isa sin nombrar a Juanjo. Ellos tienen la convicción de que el amor es para toda la vida, pero aunque eso no sea cierto… ¡joder, qué mentira más maravillosa!
P.D.: ¡¡¡Elena!!! ¿¿¿Qué hacemos con las botellas que robaste en un botellón gratuito??? Están en mi coche, pero si la policía pregunta estaban ahí cuando lo compré. Mika - Happy Ending
Elías Alonso Aparicio 3月18日 Cuestión de TiempoY parece que fue ayer (esto es una cosa original mía). Lo cierto es que el tiempo pasa sobre un blog de forma distinta a como pasa sobre un matrimonio, por poner un caso, en el que los inicios del amor parecen a menudo pertenecer a otra edad e incluso civilización. El día a día del blog tiende a convertir lo que sería una sucesión y un periodo en un único día, el de hoy, en lo que se está escribiendo, en el post de este momento. Es raro, pero es como si el tiempo se reabsorbiera en un presente absoluto. Podría explicarme mejor, lo que pasa es que no sé. Y, además, como hay talento entre vosotros, seguro que me encuentran una tesis para el tema del tiempo y nuestro manejo del ciberespacio o como se llame.
Porque conforme pasan los años, lo que objetivamente cambia es el concepto que tenemos del tiempo y como los días son más cortos conforme nos vamos haciendo mayores. Quizás es la única parte de nuestra vida en la cual el relativismo tiende a convertirse en teoría, pero en este punto es donde tenemos que dejar de reprimirnos por el avance rápido de las manecillas del reloj. Y es que en muchas ocasiones creemos que estamos perdiendo el tiempo, sobre todo al alcanzar cierta edad, porque la mayoría de éste lo pasamos trabajando, y como parece que eso es imperturbable y seguiremos teniendo que trabajar para subsistir (unos mejor que otros), nuestra dedicación se centrará en aprovechar el tiempo que nos queda.
¡Ojo! No estoy hablando de ese “carpe diem” que a todos les gusta proclamar y que se ha convertido en lema de una ignorancia social cada vez más globalizada, sino en saber dedicar el tiempo en aquello o con aquellos que realmente nos merezcan la pena. Encontrar a personas especiales cada vez es más difícil, individuos que con su sola presencia aligeraban la pesadumbre del vivir (frase de Julián Marías) y con las que tienes la sensación de nunca perder el tiempo con ellas, y es con esta gente con la que yo decididamente dedicaría el poco tiempo que tengo, sin hacer locuras (que ya las he hecho) y con un signo de admiración más que respetable.
Porque cuando las horas que tenemos a nuestra disposición se reducen a la mínima expresión, gastarlas con quien no merece la pena es una solemne estupidez, como solemnemente estúpidos son los que tienen demasiadas horas y las malgastan en acciones inmorales y en compañías totalmente reprobables.
Y es que todo se reduce a una cuestión de tiempo, de lo que realmente seamos capaces de hacer con él, cosas maravillosas que se han perdido, como el gusto por las cosas bien hechas que se demuestra por la desaparición de la artesanía, porque existe una desvalorificación identificativa, es decir, que la gratificación que proporciona el tiempo bien empleado ya no está en el orden del conocimiento, sino en el de una identidad empobrecida y desligada de la objetividad.
Pero más allá de los trabajos y los días hay que decir que cientos de personas han desfilado ya por este ventanuco, y que el blog ha dibujado, un tanto inconscientemente, el rostro de la realidad de los últimos años, de las guerras a la crisis, pasando por esos tiempos embobados y al cabo espeluznantes del infinito progreso personal. En la somera retrospectiva que he hecho en estos días, en sentido homenaje a mí mismo, he visto el paisaje desde lo alto, desde donde lo azul se vuelve negro, y me ha parecido que estaba bien hecho. Elías Alonso Aparicio
Aerosmith - Dream On 2月25日 Un Problema de ElecciónLlevo varias semanas intentando calmar mi estado de ansiedad, y como bien me dijo alguien, cuando tengas la sensación de tirarte al barro, agarra tu ánimo hasta la siguiente salida de Sol, y si sigues manteniendo ese impulso conviértelo en realidad. Pero creo que ya he aguantado lo suficiente, creo que he visto pasar alguna que otra Luna antes de decidirme a escribir lo que creo me ocasionará bastantes enemigos, pero esa posibilidad ya estaba en mi mente cuando empecé a escribir de forma pública.
Vivimos en la Era de la Información (o desinformación dirían algunos), en la cual podemos tener acceso a todo lo que pasa en el mundo desde cualquier ordenador, nunca jamás antes en la historia se han publicado tantos periódicos de distintos ámbitos y connotaciones políticas, con un solo clic de mi ratón puedo leerme el Quijote (aún dejándome dos dioptrías en la pantalla), la sabiduría de los últimos dos mil años la tenemos al alcance de la mano, sólo es un problema de elección entre hacerlo o no hacerlo.
Quizás el problema sea ese, que el poder de elección nos ha dado también el derecho a denostar y asquear ese conocimiento que tenemos a nuestro alrededor, ansioso de ser revelado, hoy más que nunca servido en bandeja de plata para nuestro deleite personal y mental. Se nos ha ofrecido ser mejores en todo, y lo hemos apartado como el niño que rechaza las coles de Bruselas en el plato de comida, porque el relativismo de nuestro tiempo no juzga a aquellas personas que no salen de casa sin su libre albedrío, las cuales no paran ni un solo instante en juzgar si sus actos son poco morales o imperturbablemente reprobables.
Ejemplos, hay millones: Qué le pasa a un país como Inglaterra que humilla públicamente a la ganadora del Trivial televisivo Gail Trimble con adjetivos como “petulante”, “zorra viciosa” pasando por “snob con dientes de caballo”, “engreída” y “loca”, y sin embargo encumbra a los más grandes altares a un personaje como Jade Goody por vender lo poco que le queda de vida tras su paso por un reality que la hizo famosa por su estulticia, y que fue su propia ignorancia la que le hizo sobrevivir a la fama efímera que la acompaña.
Seguimos siendo capaces de una ferocidad sin límites. Una barbarie ancestral permanece en nuestros inconscientes. Si no lo creen, miren a ésos que quieren linchar a los asesinos de Marta en la puerta del juzgado. La inclinación a la matanza tal vez apenas haya cambiado durante nuestra residencia en la Tierra. Sí ha cambiado el estilo. Miguel no es Pascual. Dice Pascual Duarte: «Yo, Señor, no soy malo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer, y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuéramos cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte». Pascual es la España agraria. Miguel, la sociedad de la comunicación. Pascual mata a la yegua, mata a la perra porque le molesta su mirada, mata a navajazos a su madre. Miguel asesina a una preciosa adolescente. Mata a una estrella por celos, por resentimiento. En Pascual asesina un yo salvaje, ignorante. A Marta la mata un idiota narcisista que ha tenido la oportunidad de pertenecer a la generación Einstein y se ha quedado en el suburbio del lenguaje apache y el torso desnudo. Ni es más listo, ni más rápido, ni más preparado, sino más psicópata. Así hay muchos. Papás, mirad los blogs. Los padres de esta generación nacida para chatear y trallar siguen en la inopia, en la carencia moral.
Esos ojos verdes, la camiseta donde pone Tarifa, es el retablo de una generación. El piercing no oye los sermones. Pero es necesario que les den a los adolescentes algo más que el móvil y les dejen chatear con homicidas en la almohada del mal. No es el destino el que nos varía como si fuéramos cera, sino la educación que, desde los griegos, es darle al cuerpo y al alma toda la belleza de que son susceptibles. Elías Alonso Aparicio
Leona Lewis - Better In Time 2月15日 “Si Buscáis Una Pregunta, Yo Tengo Otra Respuesta”Sí, es sábado 14 de Febrero y hace varias horas que el Sol ya no alumbra esta parte de la Tierra, y si os estáis preguntando lo obvio, la respuesta es otra afirmación. Los motivos de porqué estoy en casa solo en una fecha tan señalada son tan numerosos como aburridos de contar, y no es cuestión de hacer esto demasiado personal, que la gente ya me lo recrimina demasiado.
Aunque debería de estar prohibido dejar a una persona como yo sola en un momento como éste, puede que me dé por pensar, y mucho peor aún, por escribir, entonces es cuando todos salimos perdiendo y os preguntáis por qué no me sacasteis de casa ese día. Insensatos. El hecho de pensar y escribir no es tan malo como pueda parecer, la cuestión es sobre lo que uno pueda llegar a pensar, y cómo ha derivado la vida para terminar así, desde el principio de nuestro nacimiento, nuestra primera bocanada de aire, incluso nuestro primer instinto marcan nuestra personalidad.
Nuestro primer sentimiento tras el alumbramiento es el de la vergüenza, propia y ajena. Una vergüenza que en los primeros años se condensa y nos constituye entre los otros. Lo que hacemos con esa vergüenza es lo que termina definiendo el carácter personal, digamos. El segundo tiene que ver con la mentira y las distintas maneras en que, gracias a ella, obtenemos la felicidad, errática y contingente. En el placer y en los hechos felices hay una falsedad intrínseca, una mentira hacia adentro y una mentira hacia fuera. Finalmente, las mentiras no importan demasiado, pero no vale ocultarlas o justificarlas.
Porque más de una vez hemos hablado aquí de la felicidad y la dicha de sentirnos felices, una sensación en la que muchos de tus sentidos se adormecen mientras otros crees que aumentan analíticamente, obviando todo conocimiento de mal o de angustia ante la inevitable tragedia que nos depara esta vida.
Un poco más allá, la vida nos depara un cierto grado de ceguera, pues para amar necesitamos volvernos algo ciegos, aunque lo más duro es admitir que los que nos aman lo hacen por el mismo motivo, su ceguera propia. De ciego en ciego, los amores (paternos, filiales, sexuales) van tejiendo el tapiz de nuestra biografía y también con esos hilos escribimos el relato que nos da sentido, siempre inconcluso, siempre por hacer y siempre escurridizo. En cierto punto del existir percibimos que no somos más que un montón de disfraces superpuestos que arrastramos pesadamente por este peregrinaje, sin deshacernos de ninguno: simplemente se añaden como el cansancio. Y es que el cansancio no es más que el peso de las cosas con las que nos hemos revestido. Al final, efectivamente, volvemos a una infancia algo ingenua y bastante ilusa, pero, con suerte, desnudos y despojados de la vergüenza.
Ya concluyendo el periplo, percibimos que el mundo siempre ha sido un lugar opaco al que obcecadamente hemos querido dotar de transparencia, como si pudiera hacernos caso, como si nosotros fuéramos el mundo. Quizás porque la muerte anda pululando muy cerca de mí últimamente, y parece ser que cuantos más seres humanos conozcas tu sabiduría sobre la tragedia aumenta de forma exponencial, como si pudieras ver la gran azada manchada de sangre sobre una capucha que no oculta ningún rostro salvo el de la eternidad. Y, justo en la antesala de la muerte, sobreviene el olvido, una nada feliz y acunada por la falta de recuerdos. Esto era todo. Y no estaba tan mal. Elías Alonso Aparicio
Layla - Eric Clapton 1月27日 El Arte de los SímbolosVolvamos al principio de todo, no al comienzo de este espacio ni a los inicios de mi propia vida, sino a los primeros pasos de nuestra humanidad, cuando se creó el lenguaje y el simbolismo propio de las palabras como medio de comunicación especial que poseemos los seres humanos. Hace pocos días un amigo muy especial me recondujo varias ideas que tenía en la mente sobre este mismo tema. Él me preguntó que cuál era la causa por la que los hombres hablábamos, y yo muy perspicaz le contesté muy tajantemente “porque podíamos”, con mi pragmatismo habitual e intentando hacer un símil sobre por qué un perro se lame los muebles (por no decir testículos), y era porque podía. Pero mi compañero me rectificó muy cortésmente alegando que el ser humano siempre ha tenido la capacidad de simbolizar aquello que queremos decir, y que sin esa evolución mental, la capacidad física de poder hablar no sirve de nada, ya que si no identificamos una palabra con un símbolo creado anteriormente en nuestra mente esa consecución de sonidos que emitimos por nuestra boca no serviría de nada.
Qué deciros que la conversación terminó con una discusión por mi parte, porque en ese momento creo que estaría enfadado conmigo mismo y menos ganas tenía todavía de ceder en mis ideas un poco más, pero ante tal exposición de ideas acabé con una disculpa por mi parte y aceptando dichas sugerencias como mías.
Por mis pocos conocimientos en este asunto, sé que la lengua y el idioma son unas sustancias vivas, que siempre están en inmensa transformación y cambio, y que el lenguaje siempre expone nuevas y extrañas formas para la expresión humana, pero lo que experimento cada día en mi vida no creo que sean formas modernas de comunicarse, son intentos de asesinato de la propia lengua.
Efectivamente, hablamos porque podemos, pero no somos capaces de simbolizar aquellas cosas que decimos. Tantos intentos por adormecernos a nosotros mismos que al final hemos perdido la facultad de hablar bien, y eso que es gratis, sencillo y pienso que divertido. La mayoría de las veces cuando hablo, no puedo construir tres frases seguidas porque a la tercera me están preguntando lo que he dicho en la primera, el simple hecho de leer un periódico se ha convertido en un suceso en peligro de extinción, y entender a la primera un párrafo de cualquier artículo una gran proeza.
La propia involución de este simbolismo ha creado mentes dormidas, una sociedad aletargada que sólo se preocupa de ciertos instintos “animales” que deben ser saciados, ya sea merecidamente o de forma injusta como estamos viendo en ejemplos repetidos continuamente por una pedagogía actual que a mí personalmente me causa repulsión y asco.
Y me niego a creer que yo soy un privilegiado o alguien superior a los demás por todo lo que estoy escribiendo aquí, porque no hay nada más lejos de la realidad, lo que expongo y no me cansaré de repetir es que estamos en una situación de marcha atrás como nunca antes se ha estado. Desestimando todo lo que nos ha hecho evolucionar, incluso en una faceta que es tan fácil y tan barata de realizar como es hablar bien y escribir sin faltas de ortografía (si encontráis alguna en este artículo luego me dais fuerte).
Al fin y al cabo yo también me equivocaba, me creía que todo era la capacidad de comunicarnos, e incluso para eso necesitamos la facultad intensa de la mente para crear símbolos. Seguro que todavía me queda mucho por aprender, pero tengo toda la eternidad para intentarlo. Elías Alonso Aparicio
The Coors - Old Town |
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